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Ser las estrellas desde el centro de la ciudad: cómo reducir la contaminación lumínica en entornos urbanos

 
La contaminación lumínica inunda la noche ocultando las estrellas. El resplandor de la ciudad se convierte en nuestra cúpula que nos desconecta de nuestro hogar estrellado


La luz guía nuestros movimientos, nos ayuda a orientarnos, nos protege de daños y nos hace sentir seguros. Cuando hay demasiada luz estas ventajas se vuelven negativas. Derrochamos energía, perdemos la capacidad de concentración, de observar las estrellas e incluso desajustamos nuestro propio reloj biológico, así como en el de la fauna nocturna.
El equilibrio adecuado entre luz y oscuridad hace que nuestro entorno nos resulte más interesante y saludable.

Luz: la radiación que nos permite ver las cosas

Tanto la luz artificial como la natural son blancas, pero pueden diferenciarse en cuanto a tonos (temperatura de color) y espectro (irradiancia de longitud de onda). Nuestros ojos son sensibles a las longitudes de onda electromagnéticas comprendidas entre 380 y 700 nanómetros; éste es nuestro espectro y limita lo que es visible para nosotros.

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La parte inferior del espectro está formada por las longitudes de onda que vemos como azules, pero esta longitud de onda es más corta (frecuencia más alta) y da lugar a una mayor dispersión de la luz en la atmósfera en comparación con los tonos más cálidos que tienen una mayor longitud de onda (frecuencia más baja). Esto significa que si la fuente de luz emite grandes cantidades de longitudes de onda azules, existe un mayor riesgo de que la luz se disperse más allá del objetivo previsto.

El tono de la luz, denominado también temperatura de color correlacionada (CCT), es el valor medido combinado de estas distintas longitudes de onda. Esto significa que un valor numérico describe todo el espectro y ahí radica un pequeño problema.

Color: iluminación eficiente con más azul

A lo largo del día, la temperatura de color de la luz solar puede variar entre 2000 K (kelvins) (muy cálida) y 10.000 K (muy fría) o incluso alrededor de 16.000 K (extra fría o sencillamente muy azul) en condiciones de nieve. Los chips LED emiten luz azul que se transforma en tonos blancos más cálidos mediante varias capas de fósforo. Mientras más fría sea la temperatura de color (más azul original se transmite), más fácil será obtener una salida de luz más intensa y eficiente del LED.

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El principal motivo para cambiar la iluminación exterior a LED ha sido el ahorro de energía y, por tanto, el mayor lm/W que puede producir la fuente. La temperatura de color típica de los LEDs oscila entre 2000 K y 6500 K, siendo 4000 K la más eficiente. La temperatura de color de la luz solar natural puede ser incluso más fría, pero hay un factor adicional que añadir a la ecuación.

Ciclo: la luz azul nos activa para la jornada

En relación con nosotros, el sol y la luna están en constante movimiento y la luz (longitudes de onda electromagnéticas) que emiten o reflejan atraviesa la atmósfera terrestre y la capa de ozono a distintas distancias y ángulos a lo largo del día. La temperatura de color de la luz también varía, por eso el crepúsculo y el amanecer parecen más cálidos, y al mediodía se muestra un azul más intenso.

 

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Si las luces artificiales se mantienen en longitudes de onda ricas en azul durante toda la tarde y la noche, resultan perjudiciales, ya que afectan al ciclo natural al que nosotros, y muchas especies de nuestro entorno, estamos acostumbrados, además de iluminar la oscuridad nocturna con una luz que puede ser más dispersa.

Contaminación lumínica: luz a nuestro alrededor que nadie pidió

Los residuos inundan la sociedad moderna; algunos de ellos son claramente visibles, pero quizás la contaminación lumínica sea más abstracta de entender. No obstante, definir qué es demasiado suele resultar algo subjetivo y depende de la persona, pero toda luz innecesaria supone un derroche. La contaminación lumínica afecta a la salud humana, perturba a la fauna y es un desperdicio de dinero y energía.

Se puede decir que el cielo está contaminado si el brillo que genera la luz artificial supera a la luz natural en más de un 10 %. Hoy en día, los cielos nublados alrededor de las ciudades pueden ser cientos o incluso miles de veces más brillantes de lo que eran hace dos siglos. En realidad apenas estamos empezando a conocer el verdadero impacto de la contaminación lumínica.

El sensor VIIRS (Visible Infrared Imaging Radiometer Suite) a bordo de los satélites meteorológicos de NASA/NOAA Suomi NPP y NOAA-20 mide la contaminación lumínica desde el espacio, pero no es capaz de medir longitudes de onda por debajo de 500 nm, por lo que gran parte del espectro de luz azul que se produce recientemente no resulta visible en estas imágenes. Fotografías recientes tomadas por astronautas que trabajan en la la Estación Espacial Internacional muestran que existe un cambio espectral generalizado a nivel regional con mayores emisiones azules.

No solo estamos malgastando energía al apuntar la luz hacia el cielo o iluminando zonas no deseadas como los últimos pisos de los edificios de apartamentos, sino que al mismo tiempo estamos poniendo en riesgo nuestros ritmos circadianos, nuestra capacidad para dormir, nuestra capacidad para ver las estrellas y mucho más. Una iluminación exterior mal implantada o demasiado brillante puede reducir la seguridad, crear entornos deslumbrantes o de aspecto confuso que pueden resultar peligrosos tanto para peatones como para conductores, oscurecer información importante e incluso provocar accidentes.

Prácticas recomendadas: cómo limitar la contaminación lumínica y el resplandor del cielo a nuestro alrededor

La respuesta para reducir la contaminación lumínica a nuestro alrededor se reduce a tres aspectos básicos:
calidad, cantidad y control.

Light-quality-amount-control-LEDiL-visualizationCuando se trata de la calidad de la luz, la verdadera cuestión no es el valor de temperatura de color correlacionada (CCT) que hay que emplear, sino las longitudes de onda que produce la fuente de luz y a qué hora del día. Reducir al mínimo el espectro de luz azul tras la puesta de sol ayuda.

Piense en la cantidad de luz artificial que se necesita realmente y si algunas luces podrían atenuarse o incluso apagarse durante un tiempo.

No dirija la luz hacia arriba. Dirija la luz solo hacia las zonas que hay que iluminar. Un buen control es la clave de las soluciones de iluminación más eficientes y respetuosas con el cielo oscuro.

Para dos de los puntos anteriores se encuentra en el lugar adecuado y podemos ayudarle.


Encuentre la óptica LED adecuada para reducir la contaminación lumínica y conseguir la iluminación más eficiente y respetuosa con el cielo oscuro en entornos urbanos. Dirigiendo la luz a los lugares adecuados, evitando la dispersión en zonas no deseadas y utilizando el espectro adecuado en el momento oportuno estaremos más cerca de poder volver a ver las estrellas, incluso desde el centro de la ciudad.